A Daily DiscipleFormando discípulos en el hogar
Volumen 1 · Día 138 de 365

Confiar en Jesús cuando tenemos miedo

Mes 5: Jesús — Dios con nosotros · Asuntos del corazón

⏱ ≈ 12 min juntos

Lectura de hoy

Leamos juntos: Mateo 14:25–31

25 Mas á la cuarta vela de la noche, Jesús fué á ellos andando sobre la mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo. 27 Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo. 28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesús. 30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame. 31 Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Versículo para memorizar

Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?Marcos 4:41 (Reina-Valera 1909)

📖 La Biblia en un año (opcional)

Lectura de hoy: Salmo 30; Salmo 75; Salmo 101; Salmo 138; Salmo 139

Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Cerca del Día 138 de 365 — "¿A dónde me iré de tu espíritu?" Dios siempre está cerca.)

Lo esencial

Otra noche, otra tormenta, otra barca. Esta vez Jesús vino caminando sobre las olas, y los discípulos se llenaron de terror: pensaron que era un fantasma. Pero Jesús los llamó: "¡Tened ánimo; yo soy, no tengáis miedo!" El valiente Pedro respondió: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas." Y Jesús dijo una sola palabra: "Ven." ¡Pedro de veras bajó de la barca y caminó sobre el mar hacia Jesús! Pero entonces, "viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose a hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame." Al instante Jesús extendió la mano y lo sostuvo.

Y aquí está lo esencial para cada uno de nosotros. Pedro no se hundió porque la tormenta se hiciera más grande; se hundió cuando dejó de mirar a Jesús y se quedó fijo en el viento. El miedo crece cuando nuestros ojos se apartan de Jesús y se clavan en lo que nos asusta. Pero fíjate en la ternura de Jesús: aun cuando la fe de Pedro era "poca", Jesús no lo dejó ahogarse. La mano se extendió al instante. Así es nuestro Señor. Cuando tengas miedo —de la oscuridad, de un examen, de quedarte afuera, de algo mucho más grande—, la respuesta no es fingir que eres valiente. La respuesta es hacer lo que hizo Pedro: clamar "¡Señor, sálvame!" y mantener los ojos en Aquel que está justo ahí, que nunca se hunde y siempre extiende la mano.

Alrededor de la mesa

Pequeños 3–6

Pedro se asustó y empezó a hundirse, ¡pero Jesús le agarró la mano enseguida! Jesús nos sostiene cuando tenemos miedo.

Hagámoslo: Extiende la mano como si te estuvieras hundiendo, y que alguien te la agarre rápido y diga: "¡Yo te tengo!"

Medianos 7–9

Pedro empezó a hundirse cuando miró el viento en lugar de mirar a Jesús. Sentimos más miedo cuando olvidamos que Jesús está cerca.

Conversemos: Cuando sientes miedo, ¿qué es una cosa que le puedes decir a Jesús? (Prueba: "¡Señor, sálvame!")

Mayores 10–13

Jesús llamó a Pedro "hombre de poca fe", y aun así lo rescató al instante. La fe no es no tener nunca miedo: es clamar a Jesús en medio del miedo.

Profundicemos: ¿Qué "viento" suele apartar tus ojos de Jesús? ¿Cómo podrías "volver a mirarlo" más pronto la próxima vez?

💬 Para conversar

¿Qué es algo que te da un poco de miedo en este momento? Contémoselo a Jesús juntos. ¡Y está bien decirlo en voz alta!

🛡️ Defendamos la fe

¿Por qué confiarle a Jesús nuestros miedos en lugar de solo "pensar positivo"? Porque Jesús de verdad ha demostrado su poder sobre las mismas cosas que tememos: las tormentas, la enfermedad, incluso la muerte. Confiar no es desear con ilusión; es descansar en Alguien que ha mostrado que es digno de confianza.

Para papá · Para profundizar

El miedo es una de las cosas más sinceras de tu hogar, y tus hijos están observando cómo lo manejas . El evangelio no nos avergüenza por tener miedo: las primeras palabras de Jesús fueron "no tengáis miedo", dichas con ternura. Pero fíjate que Él no se limitó a decirle a Pedro que se sintiera más valiente; le dio a sí mismo para mirarlo. La ansiedad, en su raíz, suele ser un problema de fe acerca de dónde tenemos puestos los ojos. Enseña a tus hijos (y predícate a tu propio corazón) la diferencia entre controlar el miedo a fuerza de voluntad y desplazarlo al mirar a Cristo. Cuando dejas que tus hijos te vean llevar tus preocupaciones reales a Jesús en lugar de aguantarlas con los puños apretados, les regalas un patrón que durará mucho más que cualquier discurso de ánimo.

Inspirado en: Paul Tripp, New Morning Mercies.

Oremos juntos

"Señor Jesús, cuando tengamos miedo, ayúdanos a mantener los ojos en ti. Gracias porque extiendes la mano y nos sostienes enseguida cuando clamamos: '¡Sálvame!' Haznos confiar en ti más que en las tormentas. En el nombre de Jesús, amén."

Llévalo contigo

Cuando el miedo lleve mis ojos al viento, volveré a mirar a Jesús y clamaré: "¡Señor, sálvame!"