El Señor que nos sana
Mes 7: El que hace milagros · Adoración en familia
Lectura de hoy
Leamos juntos: Salmo 103:1-5
1 Salmo de David. BENDICE, alma mía, á Jehová; y bendigan todas mis entrañas su santo nombre. 2 Bendice, alma mía á Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. 3 El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; 4 El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; 5 El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.
Versículo para memorizar
“Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”— Mateo 8:17 (Reina-Valera 1909)
📖 La Biblia en un año (opcional)
Lectura de hoy: Salmos 129-131
Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Salmo 131: un cántico breve y tierno acerca de descansar como un niño en los brazos de Dios.)Lo esencial
Toda esta semana hemos visto a Jesús sanar: a un leproso, a un siervo, a un pueblo entero a la puerta. Hoy vamos a detenernos para adorar al Señor que sana, y David nos enseña cómo. "Bendice, alma mía, á Jehová; y bendiga todo mi ser su santo nombre." David se predica a sí mismo, despertando su propio corazón a la alabanza. Luego enumera las razones: Dios perdona todos nuestros pecados, sana todas nuestras dolencias, rescata nuestra vida de la destrucción, nos corona de favores y misericordias, y nos sacia de bien para que nuestra juventud se renueve. Fíjate que el perdón y la sanidad van uno al lado del otro. No es casualidad: Dios se ocupa de la persona entera, cuerpo y alma. El mismo Señor que lava nuestro pecado es el Señor que puede restaurar un cuerpo quebrantado y un corazón herido.
Adorar es, sencillamente, recordar quién es Dios y decírselo a Él. Cuando David dice "no olvides ninguno de sus beneficios", nos recuerda que la gratitud cuesta esfuerzo: nuestro corazón es como un cántaro que gotea, y olvidamos los buenos regalos casi tan rápido como los recibimos. Por eso esta noche, en familia, recordemos a propósito. El Dios del es el mismo Dios que hemos visto en Mateo esta semana: lleno de misericordia, poderoso para salvar, cercano al que sufre. Los milagros no fueron poder por el simple gusto del poder; fueron amor hecho visible, que nos señala al Único digno de toda nuestra alabanza. No solo lo estudiemos: bendigámoslo juntos.
Alrededor de la mesa
¡Dios es tan bueno! Nos perdona y nos sana. Digámosle "gracias" en voz alta.
Hagámoslo: Gritemos juntos: "¡Bendice, alma mía, a Jehová!" con las manos levantadas en alto.
David le dijo a su propio corazón que recordara "todos sus beneficios". ¿Por qué es tan fácil olvidar las cosas buenas que Dios hace?
Conversemos: Por turnos, que cada uno mencione una cosa que Dios ha hecho por ti y por la que estás agradecido esta noche.
En este salmo, el perdón y la sanidad van uno al lado del otro: Dios cuida de la persona entera. Adorar es recordar quién es Dios y decírselo a Él.
Profundicemos: Mirar atrás a los milagros de esta semana, ¿cómo cambia la manera en que quieres adorar a Jesús ahora mismo?
💬 Para conversar
Si nuestra familia escribiera esta noche una nota de agradecimiento a Dios, ¿cuál sería la primera línea?— Digámossela de verdad a Él, juntos, como una oración.
🛡️ Defendamos la fe
Algunos se imaginan que el Dios del Antiguo Testamento es severo, mientras que Jesús es bondadoso. Pero el —escrito mil años antes de Jesús— describe a un Dios que perdona, que sana y que desborda misericordia. El Dios que David alababa y el Jesús que hemos visto toda la semana son uno y el mismo.
Para papá · Para profundizar
La adoración en familia no exige una guitarra ni un discurso pulido; exige un padre dispuesto a guiar a su casa a bendecir a Dios en voz alta. El te entrega un molde ya hecho: despierta primero tu propia alma ("Bendice, alma mía, á Jehová"), luego recuenta las misericordias concretas de Dios, y deja que brote la alabanza. Esta noche, considera cerrar tu semana de "El que hace milagros" haciendo exactamente eso en familia: canten una canción que todos conozcan, nombren en voz alta las cosas que Dios ha hecho por su hogar en esta temporada, y oren. Vale la pena nombrar una advertencia: en un hogar lleno del Espíritu es tentador medir la adoración por su intensidad o por lo que se siente. No lo hagas. La adoración más profunda muchas veces es callada y agradecida, un alma que se dice a sí misma la verdad acerca de Dios aun cuando las emociones están apagadas. Enséñales a tus hijos que adorar es una decisión de bendecir al Señor, y que las emociones suelen seguir a la obediencia en vez de ir delante de ella. El Dios que "sana todas tus dolencias" es digno, lo sientas o no esta noche.
Inspirado en: Donald Whitney, Family Worship; Charles Spurgeon, The Treasury of David.
Oremos juntos
"¡Te bendecimos, Señor, con todo nuestro ser! Gracias por perdonar nuestros pecados y sanar nuestras heridas, por tu misericordia y tu amor constante. Tú eres el Señor que nos sana. Te adoramos esta noche como familia: recibe nuestra alabanza. En el nombre de Jesús, amén."
Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.