El Rey que lavó pies sucios
Mes 10: El Aposento Alto · Amar a los demás
Lectura de hoy
Leamos juntos: Juan 13:6-11
6 Entonces vino á Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús, y díjole: Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Dícele Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la cabeza. 10 Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le había de entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.
Versículo para memorizar
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”— Juan 13:34-35 (Reina-Valera 1909)
📖 La Biblia en un año (opcional)
Lectura de hoy: Miqueas 4-6
Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Cerca del Día 276 de 365 — "¿qué pide de ti el Señor? Hacer justicia, amar misericordia, y caminar humildemente.")Lo esencial
Cuando Jesús llegó a Pedro, este retiró sus pies: "Señor, ¿tú me lavas los pies?... ¡Jamás me lavarás los pies!" Pedro no soportaba aquella escena: su Maestro, el Mesías, en el suelo restregando sus dedos sucios. Le parecía al revés, le daba vergüenza. Pero Jesús respondió con una frase que va mucho más hondo que los pies: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo." De pronto Pedro se fue al otro extremo: "¡Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza!" Y Jesús, con ternura, volvió a corregirlo. En este pequeño ir y venir se esconde una lección hermosa: amar a los demás a veces significa recibir humildemente el amor antes de poder darlo.
Jesús estaba enseñando dos cosas a la vez. Primero, de verdad estaba lavando pies sucios, mostrando que ningún acto de amor está por debajo del Rey, y que por lo tanto ninguno debería estar por debajo de nosotros. Pero segundo, ese lavamiento era el cuadro de algo más grande: la limpieza que solo Jesús puede dar. No podemos restregar nuestro propio corazón hasta dejarlo limpio; tenemos que dejar que Él lo haga. Pedro quiso o rechazar el regalo o ganarse algo extra, y nosotros somos igualitos a él. Para amar bien a los demás, primero tenemos que humillarnos lo suficiente como para dejarnos lavar por Jesús: reconocer que lo necesitamos, recibir su perdón y dejar de fingir que lo tenemos todo bajo control. Una persona que ha sido amada y limpiada por Jesús se convierte en alguien que puede arrodillarse y amar a los demás sin que eso le hiera el orgullo. La toalla en nuestras manos brota del lavamiento de nuestro corazón.
Alrededor de la mesa
Pedro dijo: "No, Jesús, ¡no me laves los pies a MÍ!" Pero Jesús dijo: "Déjame, quiero dejarte limpio." A Jesús le encanta lavar lo feo que hay en nuestro corazón.
Hagámoslo: Lávense las manos juntos y digan: "¡Gracias, Jesús, por dejarme limpio!"
A Pedro le costó dejar que Jesús lo sirviera. A veces amar a los demás también significa recibir ayuda con humildad.
Conversemos: ¿Qué te cuesta más: ayudar a otros, o dejar que otros te ayuden a ti? ¿Por qué?
El lavar los pies es un cuadro de la limpieza que solo Jesús da: "si no te lavo, no tendrás parte conmigo." Debemos recibir su gracia, no ganárnosla.
Profundicemos: ¿Por qué no podemos limpiar nuestro propio corazón? ¿Qué nos cuesta dejar que lo haga Jesús?
💬 Para conversar
¿Qué te cuesta más decir: "déjame ayudarte" o "necesito ayuda"? ¿Por qué crees que es así?
🛡️ Defendamos la fe
Algunos dicen que toda religión se reduce básicamente a "sé lo bastante bueno para ganarte el camino a Dios." Pero aquí Jesús dice lo contrario: Pedro no puede ganárselo, solo puede recibirlo. El evangelio es único: somos limpiados por una gracia que jamás podríamos merecer, y no por las buenas obras que vamos acumulando.
Para papá · Para profundizar
Las dos reacciones de Pedro —el rechazo y luego la sobrecorrección— retratan las dos maneras en que resistimos la gracia. O decimos "no soy tan malo, no necesito que me laven," o decimos "déjame añadir mi propio esfuerzo para asegurarme." Ambas nos mantienen en control; ambas se pierden el evangelio. La firme ternura de Jesús muestra un camino mejor: simplemente déjate limpiar. Para un padre esto es confrontante, porque estamos entrenados para ser el que arregla, el que provee, el que lo tiene todo resuelto. Pero tus hijos necesitan ver a un papá que sabe recibir gracia: que confiesa, que pide perdón, que viene a Jesús con las manos vacías. Un hombre que no se deja lavar no puede servir de verdad; su servicio siempre llevará un precio oculto. Arrodíllate primero delante del Señor, y el arrodillarte delante de tu familia vendrá con naturalidad.
Inspirado en: Jerry Bridges, The Discipline of Grace.
Oremos juntos
"Jesús, no podemos limpiar nuestro propio corazón; solo tú puedes. Con humildad te dejamos lavarnos. Gracias por amarnos tanto. Ahora ayúdanos a amar a los demás de esa misma manera. En el nombre de Jesús, amén."
La toalla en mis manos brota del lavamiento de mi corazón: amo bien a los demás solo después de haber dejado que Jesús me ame a mí.