El discípulo amado estuvo allí
Mes 12: Resucitado y enviando · Por qué creemos
Lectura de hoy
Leamos juntos: Juan 21:20-25
20 Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesús, que seguía, el que también se había recostado á su pecho en la cena, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Así que Pedro vió á éste, dice á Jesús: Señor, ¿y éste, qué? 22 Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué á tí? Sígueme tú. 23 Salió entonces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no había de morir. Mas Jesús no le dijo, No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga ¿qué á ti? 24 Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
Versículo para memorizar
“Dícele la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas.”— Juan 21:17 (Reina-Valera 1909)
📖 La Biblia en un año (opcional)
Lectura de hoy: Santiago 5; 1 Pedro 1-3
Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Cerca del Día 354 de 365 — el mismo Pedro escribiendo acerca de "una esperanza viva por la resurrección".)Lo esencial
Al terminar su Evangelio, Juan sale por un momento de detrás de la historia. Señala al "discípulo a quien Jesús amaba" —es decir, a sí mismo— y dice con toda claridad: "Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero". Esa palabra, testimonio, es lenguaje de tribunal. Juan no está pasando un rumor que oyó por ahí ni una leyenda que fue creciendo con el tiempo. Está diciendo: yo estuve allí. Me recosté sobre Jesús en la Última Cena. Estuve de pie junto a la cruz. Corrí hasta el sepulcro vacío. Desayuné con Él a la orilla del mar. Lo que escribí, yo lo vi.
Esta es una de las razones más fuertes por las que confiamos en el Evangelio: descansa sobre testigos oculares, no sobre mitos. Juan incluso añade, con una sonrisa, que si se escribiera todo lo que Jesús hizo, "ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir". Tuvo que escoger qué incluir, lo cual significa que trabajaba desde un desbordamiento de recuerdos reales, no juntando retazos. La fe cristiana no se construye sobre un "había una vez". Se construye sobre "lo que hemos visto con nuestros ojos... y palparon nuestras manos" (). La fe nos pide confiar en Jesús, pero a la vez nos da terreno firme donde pararnos mientras lo hacemos.
Alrededor de la mesa
Juan era buen amigo de Jesús, y escribió las cosas verdaderas que vio que Jesús hizo, ¡con sus propios ojos!
Hagámoslo: Señalemos nuestros ojos y digamos: "¡Juan vio a Jesús! ¡Es una historia verdadera!"
Juan dice que su historia es verdadera porque él de veras estuvo allí. No la inventó: fue un testigo.
Conversemos: ¿Cuál es la diferencia entre una historia que alguien inventó y una historia de alguien que de verdad la vio suceder?
Juan escribe como un testigo que da declaración en un juicio ("sabemos que su testimonio es verdadero"). Los Evangelios se leen como informes, con nombres, lugares y detalles que se pueden comprobar.
Profundicemos: ¿Por qué importa que el cristianismo se base en testigos oculares y no en leyendas escritas siglos después?
💬 Para conversar
Si vieras suceder algo asombroso y alguien te dijera "eso no es real", ¿cómo lo convencerías de que de verdad lo viste?
🛡️ Defendamos la fe
Cuando alguien dice... "Los Evangelios son solo leyendas que fueron creciendo con el tiempo."
Puedes responder con amabilidad y firmeza: los Evangelios afirman venir de testigos oculares en vida de ellos mismos. Juan lo dice sin rodeos: "Yo vi esto y lo estoy poniendo por escrito" (), y la iglesia primitiva recibió estos relatos a pocas décadas de los hechos, cuando aún vivían cientos de testigos (). Las leyendas suelen tardar generaciones en formarse, después de que los testigos oculares ya no están y nadie puede corregirlas; pero el Nuevo Testamento ya circulaba mientras quienes anduvieron con Jesús todavía podían decir "no fue así como pasó". Y por si fuera poco, los escritores incluyen detalles incómodos (la cobardía de los discípulos, las negaciones de Pedro, las mujeres como primeras testigos en una cultura que despreciaba su testimonio); nadie que esté inventando una leyenda halagadora incluye eso. Como lo dijo el mismo Pedro: "no os hemos dado a conocer... siguiendo fábulas por arte compuestas, sino... habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad" (). Y decimos todo esto del modo en que la Escritura nos enseña: "con mansedumbre y reverencia" (), dando razón de nuestra esperanza sin buscar pleito.
Para papá · Para profundizar
La confiabilidad histórica de los Evangelios no es un asunto secundario que puedas saltarte de camino a "la parte espiritual". Es una columna que sostiene todo. El cuidadoso trabajo de Richard Bauckham sostiene que los Evangelios están enraizados en el testimonio de testigos oculares con nombre y apellido, transmitido con fidelidad, y no en folclore anónimo. Tus hijos están creciendo en una cultura que les dirá que la fe es un sentimiento desligado de los hechos. Entrégales la otra cosa: una fe con notas al pie. Que sepan que no es poco espiritual preguntar "¿cómo lo sabemos?"; es exactamente lo que Juan invitó a hacer al firmar su informe con su propio nombre. Modela esto tú mismo leyendo los relatos de la resurrección no solo de manera devocional, sino como el testimonio que afirman ser, y deja que tus hijos te oigan decir: "Creemos esto porque personas reales lo vieron y dijeron la verdad, aun cuando les costó la vida".
Inspirado en: Richard Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses.
Oremos juntos
"Padre, gracias porque nuestra fe se apoya en cosas reales que de verdad sucedieron. Gracias por Juan y por los demás que vieron a Jesús y dijeron la verdad. Ayúdanos a estar listos para dar razón de nuestra esperanza, con amabilidad. En el nombre de Jesús, amén."
Nuestra fe no es un "había una vez": es un "yo estuve allí, y es verdad".