El juicio debe hacernos humildes
Mes 6: Preguntas difíciles · Asuntos del corazón
Lectura de hoy
Leamos juntos: Lucas 18:9-14
9 Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano. 11 El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. 13 Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador. 14 Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
Versículo para memorizar
“El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”— 2 Pedro 3:9 (Reina-Valera 1909)
📖 La Biblia en un año (opcional)
Lectura de hoy: 1 Reyes 1-4
Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Alrededor del Día 168 de 365 — el joven Salomón le pide sabiduría a Dios.)Lo esencial
Jesús contó la historia de dos hombres que oraban en el templo. Uno era fariseo —un hombre religioso y respetado— que se puso de pie, muy erguido, y le agradeció a Dios por no ser como "los demás hombres": ladrones, tramposos, o como aquel cobrador de impuestos que estaba allá. El otro era justamente ese cobrador de impuestos, un hombre al que todos despreciaban, que ni siquiera se atrevía a levantar los ojos. Solo se golpeaba el pecho y oraba: "¡Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador!" Y Jesús dijo algo sorprendente: fue el cobrador de impuestos —no el orgulloso hombre religioso— quien volvió a casa en paz con Dios. El que sabía que necesitaba misericordia la recibió; el que creía tenerlo todo bajo control se la perdió por completo.
Esta es la trampa del corazón escondida dentro de cada "pregunta difícil" sobre el juicio. Cuando hablamos de quién merece qué, es facilísimo imaginar que nosotros somos los buenos, los que juzgan, los que miran a todos los demás por encima del hombro. Pero la verdad es que nosotros necesitamos misericordia tanto como cualquiera a quien podríamos señalar. El juicio de Dios no es un garrote para golpear a la gente que nos cae mal; es un espejo que debería hacernos caer de rodillas para decir: "Ten misericordia de mí también." Un cristiano que entiende el juicio como es debido se vuelve más humilde y más gentil, nunca presumido. No nos paramos por encima de los demás; nos paramos junto a ellos, pecadores que señalan a otros pecadores hacia el mismo Salvador.
Alrededor de la mesa
El hombre que dijo "perdón, Dios, te necesito" volvió a casa feliz con Dios. Pedirle perdón a Dios es algo valiente y bueno.
Hagámoslo: Oremos juntos una oración chiquita: "Dios, por favor sé bueno conmigo. Te necesito."
El hombre orgulloso presumía; el hombre humilde pidió misericordia. A Jesús le gustó la oración humilde. Todos necesitamos la misericordia de Dios; nadie es tan bueno como para no necesitarla.
Conversemos: ¿Por qué nos cuesta tanto decir "me equivoqué", y por qué le encanta a Dios cuando lo hacemos?
Hablar del juicio de Dios puede hacernos sentir superiores, que es exactamente el pecado del fariseo. Saber que necesitamos misericordia nos mantiene humildes y bondadosos con los demás.
Profundicemos: ¿Hay alguien con quien en secreto te sientes "mejor"? ¿Cómo cambiaría la oración del cobrador de impuestos la manera en que lo ves?
💬 Para conversar
¿Alguna vez te has sentido orgulloso por haber hecho algo "mejor" que otra persona, y luego te diste cuenta de que tú también necesitabas ayuda?
🛡️ Defendamos la fe
Si la gente piensa que los cristianos son solo personas orgullosas que se creen superiores, la cura es la oración del cobrador de impuestos. No defendemos la fe actuando como si lo tuviéramos todo resuelto; señalamos a un Salvador que necesitábamos tan desesperadamente como cualquier otro. La humildad (la "mansedumbre" de ) es parte del mensaje mismo.
Para papá · Para profundizar
La apologética tiene un riesgo de oficio: mientras mejor te vuelves respondiendo objeciones, más fácil es resbalar hacia la postura del fariseo, ganando debates mientras pierdes tu ternura. Esta parábola es la barrera de protección que pone Jesús. La meta de estar preparado para dar respuesta no es tener la razón contra la gente, sino traerla a casa. Modela la oración del cobrador de impuestos delante de tus hijos; deja que te escuchen confesar, no solo corregir. Un padre que es pronto para decir "Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador" cría hijos que llevan la verdad con gentileza en lugar de arrogancia.
Inspirado en: Natasha Crain, Talking with Your Kids about God.
Oremos juntos
"Padre, gracias porque das misericordia a todo el que la pide. Mantennos humildes; te necesitamos tanto como cualquiera. Ayúdanos a ser gentiles, y no orgullosos, cuando hablamos de ti. En el nombre de Jesús, amén."
La respuesta correcta al juicio de Dios no es señalar con el dedo, sino un corazón humilde que sabe que también necesita misericordia.