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La Biblia en un año (opcional)

Listos para permanecer firmes y ser enviados · Volumen 3

Job 28-30

Día 221 de 365 · Reina-Valera 1909

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Job 28

1CIERTAMENTE la plata tiene sus veneros, y el oro lugar donde se forma.

2El hierro se saca del polvo, y de la piedra es fundido el metal.

3A las tinieblas puso término, y examina todo á la perfección, las piedras que hay en la oscuridad y en la sombra de muerte.

4Brota el torrente de junto al morador, aguas que el pie había olvidado: sécanse luego, vanse del hombre.

5De la tierra nace el pan, y debajo de ella estará como convertida en fuego.

6Lugar hay cuyas piedras son zafiro, y sus polvos de oro.

7Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vió:

8Nunca la pisaron animales fieros, ni león pasó por ella.

9En el pedernal puso su mano, y trastornó los montes de raíz.

10De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado.

11Detuvo los ríos en su nacimiento, é hizo salir á luz lo escondido.

12Empero ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la prudencia?

13No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes.

14El abismo dice: No está en mí: y la mar dijo: Ni conmigo.

15No se dará por oro, ni su precio será á peso de plata.

16No puede ser apreciada con oro de Ophir, ni con onique precioso, ni con zafiro.

17El oro no se le igualará, ni el diamante; ni se trocará por vaso de oro fino.

18De coral ni de perlas no se hará mención: la sabiduría es mejor que piedras preciosas.

19No se igualará con ella esmeralda de Ethiopía; no se podrá apreciar con oro fino.

20¿De dónde pues vendrá la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la inteligencia?

21Porque encubierta está á los ojos de todo viviente, y á toda ave del cielo es oculta.

22El infierno y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.

23Dios entiende el camino de ella, y él conoce su lugar.

24Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo.

25Al dar peso al viento, y poner las aguas por medida;

26Cuando él hizo ley á la lluvia, y camino al relámpago de los truenos;

27Entonces la veía él, y la manifestaba; preparóla y descubrióla también.

28Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal la inteligencia.

Job 29

1Y VOLVIÓ Job á tomar su propósito, y dijo:

2¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días que Dios me guardaba,

3Cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, á la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad;

4Como fué en los días de mi mocedad, cuando el secreto de Dios estaba en mi tienda;

5Cuando aun el Omnipotente estaba conmigo, y mis hijos alrededor de mí;

6Cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite!

7Cuando salía á la puerta á juicio, y en la plaza hacía preparar mi asiento,

8Los mozos me veían, y se escondían; y los viejos se levantaban, y estaban en pie;

9Los príncipes detenían sus palabras, ponían la mano sobre su boca;

10La voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba á su paladar:

11Cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio:

12Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.

13La bendición del que se iba á perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría.

14Vestíame de justicia, y ella me vestía como un manto; y mi toca era juicio.

15Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.

16A los menesterosos era padre; y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia:

17Y quebraba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía soltar la presa.

18Y decía yo: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré días.

19Mi raíz estaba abierta junto á las aguas, y en mis ramas permanecía el rocío.

20Mi honra se renovaba en mí, y mi arco se corroboraba en mi mano.

21Oíanme, y esperaban; y callaban á mi consejo.

22Tras mi palabra no replicaban, y mi razón destilaba sobre ellos.

23Y esperábanme como á la lluvia, y abrían su boca como á la lluvia tardía.

24Si me reía con ellos, no lo creían: y no abatían la luz de mi rostro.

25Calificaba yo el camino de ellos, y sentábame en cabecera; y moraba como rey en el ejército, como el que consuela llorosos.

Job 30

1MAS ahora los más mozos de días que yo, se ríen de mí; cuyos padres yo desdeñara ponerlos con los perros de mi ganado.

2Porque ¿para qué yo habría menester la fuerza de sus manos, en los cuales había perecido con el tiempo?

3Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos; huían á la soledad, á lugar tenebroso, asolado y desierto.

4Que cogían malvas entre los arbustos, y raíces de enebro para calentarse.

5Eran echados de entre las gentes, y todos les daban grita como al ladrón.

6Habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las rocas.

7Bramaban entre las matas, y se reunían debajo de las espinas.

8Hijos de viles, y hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra.

9Y ahora yo soy su canción, y he sido hecho su refrán.

10Abomínanme, aléjanse de mí, y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.

11Porque Dios desató mi cuerda, y me afligió, por eso se desenfrenaron delante de mi rostro.

12A la mano derecha se levantaron los jóvenes; empujaron mis pies, y sentaron contra mí las vías de su ruina.

13Mi senda desbarataron, aprovecháronse de mi quebrantamiento, contra los cuales no hubo ayudador.

14Vinieron como por portillo ancho, revolviéronse á mi calamidad.

15Hanse revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi alma, y mi salud pasó como nube.

16Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción me han aprehendido.

17De noche taladra sobre mí mis huesos, y mis pulsos no reposan.

18Con la grande copia de materia mi vestidura está demudada; cíñeme como el cuello de mi túnica.

19Derribóme en el lodo, y soy semejante al polvo y á la ceniza.

20Clamo á ti, y no me oyes; preséntome, y no me atiendes.

21Haste tornado cruel para mí: con la fortaleza de tu mano me amenazas.

22Levantásteme, é hicísteme cabalgar sobre el viento, y disolviste mi sustancia.

23Porque yo conozco que me reduces á la muerte; y á la casa determinada á todo viviente.

24Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿clamarán los sepultados cuando él los quebrantare?

25¿No lloré yo al afligido? Y mi alma ¿no se entristeció sobre el menesteroso?

26Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; y cuando esperaba luz, la oscuridad vino.

27Mis entrañas hierven, y no reposan; días de aflicción me han sobrecogido.

28Denegrido ando, y no por el sol: levantádome he en la congregación, y clamado.

29He venido á ser hermano de los dragones, y compañero de los buhos.

30Mi piel está denegrida sobre mí, y mis huesos se secaron con ardentía.

31Y hase tornado mi arpa en luto, y mi órgano en voz de lamentadores.

Traducción: Reina-Valera 1909