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La Biblia en un año (opcional)

Listos para permanecer firmes y ser enviados · Volumen 3

Juan 9-12

Día 24 de 365 · Reina-Valera 1909

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Juan 9 · 1/4
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Juan 9

1Y PASANDO Jesús, vió un hombre ciego desde su nacimiento.

2Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?

3Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.

4Conviéneme obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar.

5Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.

6Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego,

7Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.

8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?

9Unos decían: Este es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.

10Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

11Respondió él y dijo: El hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate: y fuí, y me lavé, y recibí la vista.

12Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.

13Llevaron á los Fariseos al que antes había sido ciego.

14Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.

15Y volviéronle á preguntar también los Fariseos de qué manera había recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.

16Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.

17Vuelven á decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.

18Mas los Judíos no creían de él, que había sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á los padres del que había recibido la vista;

19Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?

20Respondiéronles sus padres y dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego:

21Mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle á él; él hablará de sí.

22Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga.

23Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle á él.

24Así que, volvieron á llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria á Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.

25Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

26Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

27Respondióles: Ya os lo he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo queréis otra vez oir? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos?

28Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros discípulos de Moisés somos.

29Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas éste no sabemos de dónde es.

30Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es ésta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y á mí me abrió los ojos.

31Y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, á éste oye.

32Desde el siglo no fué oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.

33Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.

34Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera.

35Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, díjole: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

36Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

37Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, él es.

38Y él dice: Creo, Señor; y adoróle.

39Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido á este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.

40Y ciertos de los Fariseos que estaban con él oyeron esto, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos?

41Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.

Juan 10

1DE cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador.

2Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

3A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.

4Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

5Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños.

6Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía.

7Volvióles, pues, Jesús á decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

8Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas.

9Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

10El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

11Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.

12Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas.

13Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas.

14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.

15Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

16También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla á tomar.

18Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

19Y volvió á haber disensión entre los Judíos por estas palabras.

20Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para qué le oís?

21Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?

22Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno;

23Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.

24Y rodeáronle los Judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

25Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

26Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;

28Y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.

29Mi Padre que me las dió, mayor que todos es: y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

30Yo y el Padre una cosa somos.

31Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle.

32Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál obra de esas me apedreáis?

33Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

34Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois?

35Si dijo, dioses, á aquellos á los cuales fué hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada);

36¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

37Si no hago obras de mi Padre, no me creáis.

38Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

39Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos;

40Y volvióse tras el Jordán, á aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan; y estúvose allí.

41Y muchos venían á él, y decían: Juan, á la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.

42Y muchos creyeron allí en él.

Juan 11

1ESTABA entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana.

2(Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos.)

3Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.

4Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

5Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.

6Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba.

7Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á Judea otra vez.

8Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?

9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.

10Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

11Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño.

12Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.

13Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

14Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;

15Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á él.

16Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

17Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro.

18Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios;

19Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano.

20Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa.

21Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto;

22Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

23Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

24Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.

25Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

27Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

28Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama.

29Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él.

30(Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.)

31Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.

32Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.

33Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse,

34Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve.

35Y lloró Jesús.

36Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.

37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?

38Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tenía una piedra encima.

39Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.

40Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?

41Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.

42Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado.

43Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.

44Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.

45Entonces muchos de los Judíos que habían venido á María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

46Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y dijéronles lo que Jesús había hecho.

47Entonces los pontífices y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales.

48Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y quitaránnuestro lugar y la nación.

49Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

50Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda.

51Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación:

52Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados.

53Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle.

54Por tanto, Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas fuése de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos.

55Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra á Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse;

56Y buscaban á Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta?

57Y los pontífices y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.

Juan 12

1Y JESÚS, seis días antes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos.

2E hiciéronle allí una cena: y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él.

3Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento.

4Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar:

5¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres?

6Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.

7Entonces Jesús dijo: Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado esto;

8Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis.

9Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al cual había resucitado de los muertos.

10Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también á Lázaro;

11Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él.

12El siguiente día, mucha gente que había venido á la fiesta, como oyeron que Jesús venía á Jerusalem,

13Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban: ¡Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!

14Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito:

15No temas, hija de Sión: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna.

16Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesús fué glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas.

17Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.

18Por lo cual también había venido la gente á recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal;

19Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de él.

20Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la fiesta:

21Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús.

22Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús.

23Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado.

24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.

25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

26Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

27Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora.

28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.

29Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado.

30Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.

31Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

32Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo.

33Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir.

34Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?

35Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va.

36Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos.

37Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él.

38Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído á nuestro dicho? ¿y el brazo del Señor, á quién es revelado?

39Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías:

40Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.

41Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de él.

42Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga.

43Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

44Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;

45Y el que me ve, ve al que me envió.

46Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

47Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo.

48El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

49Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

50Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.

Traducción: Reina-Valera 1909