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La Biblia en un año (opcional)

Conocer a Dios · Volumen 1

Lucas 19–20

Día 300 de 365 · Reina-Valera 1909

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Lucas 19 · 1/2
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Lucas 19

1Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;

2Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;

3Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.

4Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

5Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.

6Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.

7Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.

8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.

9Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

10Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

11Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.

12Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.

13Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.

14Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.

15Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

16Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

17Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.

18Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.

19Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

20Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:

21Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

22Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

23¿Por qué, pues, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?

24Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

25Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

26Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

27Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.

28Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.

29Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,

30Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.

31Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.

32Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.

33Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?

34Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.

35Y trajéronlo á Jesús; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.

36Y yendo él tendían sus capas por el camino.

37Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,

38Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!

39Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.

40Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.

41Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,

42Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.

43Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,

44Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

45Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él.

46Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

47Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.

48Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

Lucas 20

1Y ACONTECIÓ un día, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;

2Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad?

3Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme:

4El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres?

5Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

6Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta.

7Y respondieron que no sabían de dónde.

8Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

9Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.

10Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.

11Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío.

12Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido.

13Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto.

14Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.

15Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña?

16Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ¡Dios nos libre!

17Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, ésta fué por cabeza de esquina?

18Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará.

19Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.

20Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.

21Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.

22¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?

23Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?

24Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.

25Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.

26Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.

27Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,

28Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano.

29Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.

30Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.

31Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y murieron sin dejar prole.

32Y á la postre de todos murió también la mujer.

33En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.

34Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:

35Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:

36Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.

37Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.

38Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él.

39Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.

40Y no osaron más preguntarle algo.

41Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

42Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,

43Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.

44Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo?

45Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:

46Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;

47Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación.

Traducción: Reina-Valera 1909