A Daily DiscipleFormando discípulos en el hogar
Volumen 2 · Día 157 de 365

Señor, haz buena tierra nuestros corazones

Mes 6: Historias que Jesús contó · Adoración en familia

⏱ ≈ 15 min juntos

Lectura de hoy

Leamos juntos: Mateo 13:1-9, 18-23

1 Y AQUEL día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto á la mar. 2 Y se allegaron á él muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera. 3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar. 4 Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron. 5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra: 6 Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz. 7 Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron. 8 Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál á ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta. 9 Quien tiene oídos para oir, oiga. … 18 Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra: 19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino. 20 Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. 21 Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal: que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende. 22 Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa. 23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.

Versículo para memorizar

Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.Mateo 13:23 (Reina-Valera 1909)

📖 La Biblia en un año (opcional)

Lectura de hoy: Salmos 31-34

Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Cerca del Día 157 de 365 — "Gustad, y ved que es bueno Jehová", Salmo 34.)

Lo esencial

Hoy recogemos toda la semana en un solo tiempo de adoración en torno a la parábola de las tierras: la historia que Jesús contó, junto con la explicación que Él mismo dio, leídas de corrido y en familia. Esta semana aprendimos por qué Jesús enseñaba con historias (para hallar corazones hambrientos), qué hace diferente a la "buena tierra" (que oye, entiende y da fruto), cómo hasta los enemigos de Jesús reconocieron que nadie jamás enseñó como Él, las cuatro clases de tierra que viven dentro de cada uno de nosotros, cómo el Espíritu Santo hace crecer la semilla, y cómo nos toca esparcir buena semilla por todas partes. Todo desemboca en una sola oración que vale la pena hacer como familia: Señor, haz buena tierra nuestros corazones.

La adoración en familia no tiene que ser elaborada; eso es justamente parte de lo que enseña esta parábola. La palabra de Dios es la semilla; nuestros corazones son la tierra; el Espíritu Santo da el crecimiento. Cuando tu familia sencillamente abre la Biblia, conversa con sinceridad y ora, está haciendo exactamente lo que hace la buena tierra: recibir la semilla para que pueda dar fruto, "a ciento por uno, a sesenta, a treinta". No midas esta noche por lo bien que salga ni por lo quietos que se queden los pequeños. Mídela por la fidelidad: te presentaste, sembraste la palabra y le pediste a Dios que la hiciera crecer. Haz eso semana tras semana, año tras año, y estarás plantando una cosecha que tus hijos quizá sigan recogiendo mucho después de que tú ya no estés. Así que adoremos: leamos la historia, conversémosla por edades más abajo, y terminemos pidiéndole al Labrador que cuide cada corazón en esta mesa.

Alrededor de la mesa

Pequeños 4–7

¡Contemos la historia de las tierras con el cuerpo! Pisemos fuerte por el camino duro, tambaleémonos por la tierra pedregosa, movamos los dedos como las espinas que ahogan, y estirémonos bien alto y felices como la BUENA tierra que da fruto.

Hagámoslo: Hagamos los cuatro movimientos juntos y luego gritemos: "¡Haz buena tierra mi corazón, Jesús!"

Medianos 8–10

Demos la vuelta y que cada uno nombre de memoria las cuatro tierras; luego que diga a cuál se pareció más su corazón esta semana.

Conversemos: ¿Qué es algo que nuestra familia podría hacer para ayudarnos unos a otros a mantener el corazón como "buena tierra": blando, profundo y libre de malezas?

Mayores 11–14

Lean otra vez despacio los versículos 18 al 23 y escojan la tierra de la que más necesitan cuidarse ahora mismo. Luego vuelvan al versículo 23: nombren un fruto real que hayan visto que Dios ha hecho crecer en ustedes últimamente, por pequeño que sea.

Profundicemos: ¿Cómo se vería que toda nuestra familia diera fruto "a ciento por uno" este año, y qué malezas tendríamos que arrancar juntos para lograrlo?

💬 Para conversar

Si nuestra familia fuera un jardín, ¿qué fruto te encantaría ver creciendo en él para fin de año?

🛡️ Defendamos la fe

Alguien podría decir que las devociones familiares no son más que una forma de lavarles el cerebro a los niños. Pero la parábola de Jesús da por sentado todo lo contrario: la semilla solo echa raíz en un corazón que la recibe y la entiende libremente. No estamos forzando la fe; estamos sembrando la verdad y confiando en Dios y en la respuesta propia de cada hijo, que es justamente la libertad que la parábola protege.

Para papá · Para profundizar

La parábola de las tierras es, entre otras cosas, una carta fundacional para una adoración familiar sin prisas y fiel. Desarma con discreción la presión de producir resultados instantáneos y visibles. Tú estás sembrando semilla; no estás a cargo de la tasa de germinación. Algunas noches la semilla parecerá caer en el camino duro de rostros aburridos o en el pedregal de la distracción, y está bien. Sigue sembrando. El llamado del labrador es la fidelidad sostenida en el tiempo, no una cosecha garantizada en una noche cualquiera, y el goteo constante de la Escritura, la conversación y la oración está haciendo más de lo que puedes ver. Evita dos zanjas: la desesperación cuando una temporada parece estéril, y el orgullo cuando parece fructífera (el crecimiento nunca fue mérito tuyo). Sobre todo, deja que tus hijos vean que tú mismo eres buena tierra: un papá que todavía está siendo ablandado, todavía siendo desyerbado, todavía dando fruto nuevo. El argumento más poderoso a favor del evangelio en tu hogar es un padre cuyo propio corazón se ve visiblemente labrado por él.

Inspirado en: Donald Whitney, Family Worship.

Oremos juntos

"Padre, gracias por las historias que Jesús contó y por toda esta semana en tu palabra. Haz buena tierra cada corazón en esta mesa: blando para oírte, profundo para retenerte, libre de malezas y lleno de fruto. Espíritu Santo, haz crecer la semilla en nosotros. En el nombre de Jesús, amén."

Llévalo contigo

Señor, haz buena tierra nuestros corazones, y haz crecer en nuestra familia una cosecha que aún no podemos imaginar.