La oración humilde que Dios escucha
Mes 9: El camino a Jerusalén · Caminar en el Espíritu
Lectura de hoy
Leamos juntos: Lucas 18:9–14
9 Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano. 11 El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. 13 Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador. 14 Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
Versículo para memorizar
“Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.”— Marcos 10:45 (Reina-Valera 1909)
📖 La Biblia en un año (opcional)
Lectura de hoy: Ezequiel 40–42
Leer toda la Biblia en un año: hazlo cuando tengas tiempo de sobra. (Cerca del Día 259 de 365 — Ezequiel contempla un templo glorioso, pero Jesús nos recuerda que Dios se acerca al corazón humilde, no al edificio imponente.)Lo esencial
Jesús cuenta una historia breve sobre dos hombres que subieron al templo a orar. Uno era fariseo: religioso, respetado, seguro de sí mismo. Se puso de pie y oró acerca de sí mismo: "Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres… ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo". El otro era un publicano, de esos que todos despreciaban. Ni siquiera se atrevía a alzar los ojos; se golpeaba el pecho y oraba con unas pocas palabras sencillas: "¡Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador!". Y Jesús dice que fue ese hombre —no el impresionante— quien volvió a casa reconciliado con Dios. "Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido".
Aquí está el secreto profundo de caminar en el Espíritu: el Espíritu Santo derrama gracia en los lugares bajos, nunca en los orgullosos. "Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes" (). La oración del fariseo nunca llegó a levantar vuelo, porque él no creía necesitar nada. La oración del publicano voló directo al cielo, porque vino con las manos vacías y el corazón sincero. Así es como vivimos cada día en el Espíritu: no impresionando a Dios con nuestro historial, sino reconociendo nuestra necesidad y pidiendo misericordia. Y la noticia maravillosa es que Dios se alegra de responder esa oración. El clamor más bajo y más sincero —"Dios, ten misericordia de mí"— es el que Él siempre escucha.
Alrededor de la mesa
Dos hombres oraron. Uno presumía de lo bueno que era. El otro dijo: "Dios, por favor, sé bueno conmigo". ¡Dios escuchó al humilde! A Dios le encanta un corazón sincero.
Hagámoslo: Juntemos las manos, inclinemos la cabeza y oremos juntos: "Dios, sé bueno conmigo. ¡Gracias, Jesús!".
El fariseo miraba a los demás por encima del hombro y confiaba en sí mismo. El publicano sabía que necesitaba la misericordia de Dios. Ser humilde es saber que necesitas a Dios.
Conversemos: ¿Por qué le agrada más a Dios una oración humilde que una presumida? ¿La oración de cuál de los dos hombres se parece más a la tuya?
Esta parábola enseña que somos reconciliados con Dios ("justificados") por la fe humilde en su misericordia, no por nuestro currículum religioso. El Espíritu siempre nos encuentra en la sinceridad y la humildad (), nunca en el orgullo.
Profundicemos: ¿Cómo puede hacer "cosas religiosas" buenas convertirse, en realidad, en una forma de orgullo? ¿Cómo se ve para ti la verdadera humildad delante de Dios?
💬 Para conversar
¿De qué tienes la tentación de presumir? ¿Cómo podrías darle gracias a Dios por ello en lugar de presumirlo?
🛡️ Defendamos la fe
Algunos dicen que todas las religiones son simplemente personas tratando de verse lo bastante buenas para Dios. Pero Jesús da vuelta esa idea: el hombre que dejó de intentar verse bueno fue quien volvió a casa aceptado. El cristianismo no consiste en ganarse la aprobación de Dios, sino en recibir su misericordia por la fe. Compartimos esa verdad liberadora con gentileza ().
Para papá · Para profundizar
Caminar en el Espíritu comienza de rodillas, y comienza desde abajo. El fariseo hacía cosas genuinamente buenas —ayunar, dar—, y sin embargo su corazón era el problema, porque confiaba en sí mismo. Este es el peligro más sutil para un padre que ora y va a la iglesia: las disciplinas espirituales pueden convertirse, sin que lo notemos, en un marcador de puntos. Al Espíritu no lo impresiona nuestro marcador; Él es atraído al corazón quebrantado y contrito (). De hecho, la oración del publicano es la raíz de la antigua "Oración de Jesús": "Señor Jesucristo, ten misericordia de mí, que soy pecador". Enséñales a tus hijos que las personas más espirituales no son las que sienten que ya llegaron, sino las que siguen volviendo por misericordia. Y modélalo: deja que tus hijos te oigan pedirle misericordia a Dios, y no solo darle gracias por tus logros.
Inspirado en: Joachim Jeremias, The Parables of Jesus; Gordon Fee, Paul, the Spirit, and the People of God.
Oremos juntos
"Padre, ten misericordia de nosotros: te necesitamos. Mantennos humildes y llénanos de tu Espíritu. Gracias porque siempre escuchas un corazón sincero y humilde. En el nombre de Jesús, amén."
Dios da gracia a los humildes, así que me acercaré a Él desde abajo y con sinceridad.